Martes, 11 de mayo de 2021

Atentado a la embajada de Israel

Esta semana hemos conmemorado otro año más del brutal atentado a la embajada de Israel. Ya han pasado 19 años desde ese trágico día y aún seguimos sin conocer a sus responsables. Sin embargo no dejamos de recordar, manteniendo viva la memoria….
A continuación, compartimos con ustedes un cuento que han leído muchos grupos de Etgar.
 
 

El jardín de la memoria
 

–Papá, ¿por qué me trajiste a esta plaza? –No hijo… Esto no es una plaza.
–¿Ah… No? ¿Y esos árboles? ¿Y esos pájaros? ¿Y esa especie de lago que rodea este inmenso espacio vacío?
–Tenés razón hijo. Parece una plaza. Pero no es una plaza… ¿o no ves que no hay hamacas ni toboganes?
–No entiendo… pa.
–Vení… Vení… Hijo, dame la mano, vení caminemos juntos por esta plaza que no es una plaza y yo te explico. Este es un lugar para mantener viva la memoria. Hace 19 años vos ni habías nacido y por eso no te acordás. Pero hace una década aquí en este lugar la Embajada de Israel desapareció de la faz de la tierra producto de un terrible atentado terrorista.
Uno va caminando lentamente de la mano con su hijo y es como si caminara por esos gigantescos descampados a los que quedaron reducidos algunos de los más tristemente célebres campos de concentración del nazismo. Uno camina por el silencio y por el aire y siente que se le adhieren al corazón dolores interminables que le estrujan el pecho. Uno camina por la memoria y la ejercita para no olvidar que aquí, en este lugar de Buenos Aires, en Arroyo y Suipacha, hace 19 años había 29 vidas más que hoy. … 29 vidas que ya no están. Que aquí, sobre este mismo suelo que hoy es un espacio abierto contra el odio racial hace 16 años se cometieron 29 asesinatos en un segundo.
Porque todo tardó un segundo. El tiempo que uno tarda en pestañear le alcanzó a los asesinos masivos para terminar con la vida de 29 personas. Faltaban 10 minutos para las tres de la tarde y una camioneta bomba cargada con pentrita y TNT hizo estallar la vieja casona por los aires.
Millones de pedazos de la Embajada de Israel volaron como papeles quemados que luego bajaron hecho polvo y escombros para sepultarlo todo.

¿Quién se atribuye el poder de decidir cuáles seres humanos deben morir y cuáles no? ¿Quiénes son los fanáticos terroristas que arrancaron para siempre la respiración de siete viejitas que vivían sus últimos días en el hogar que está al lado de la parroquia al frente de la Embajada? ¿Eran conscientes de que también mataron al cura párroco? ¿Que había 200 chicos en la escuela? ¿Tendrán conciencia? ¿O el odio les clausura la sensibilidad eternamente y los convierte en robots fundamentalistas y blindados?
En ese instante Buenos Aires se transformó en Beirut. El corazón de esta ciudad desarmada y con la guardia baja fue apuñalado por la espalda. Fue el anuncio brutal de todo lo que se venía en una Argentina que ya no sería la misma.
Pero hace 19 años que nos duele el alma porque todavía nos arrastra caudaloso aquel océano de muerte y de terror. De sangre mutilada, de locura y fanatismo. De luto y de duelo. Pero hace 16 años que la Corte Suprema de justicia Argentina no consigue nada. Porque ya pasaron 16 años y no hay un detenido, no hay una pista, no hay un miserable dato. Porque la causa a los efectos prácticos está cerrada. La causa, digamos la verdad de una vez por todas… está muerta…. Está tan muerta como aquellas 29 personas que mató la bomba.
No sabemos todavía y tal vez no sepamos nunca quién puso la bomba. Por la forma en que operaron los investigadores de inteligencia dicen que el autor intelectual fue Irán y que los autores materiales fueron los terroristas de Hezbollah… No lo sabemos ni tenemos pruebas.
No sabemos quién mató a esas 29  personas. Pero sí sabemos quién mató la causa. Los que no investigaron. Los que trataron el tema con desidia, con negligencia, con desprecio por el dolor, con falta de voluntad política y en algunos casos con complicidad.

Casi como un milagro entre los escombros apareció intacta la gigantesca y hermosa araña que colgaba del salón principal de la Embajada. Como si fuera un mensaje del triunfo de la luz frente a las tinieblas de la historia. Como quedó en pie aquella menorah o candelabro de 7 brazos hace 2000 años cuando fue destruido el Templo de Jerusalem. El triunfo de la luz en su doble condición de dar vida, dar a luz y de encontrar la verdad, echar luz, iluminar algo, descubrir.
–Papi, te quedaste callado. Se te humedecieron los ojos. ¿En qué estabas pensando….?
–No… Nada hijito… Pensaba si entendiste por qué esto es mucho más que una plaza.
–Sí papá. Creo que entendí. Es como un jardín donde crece la memoria, ¿no?
–Exactamente eso. Un jardín de la memoria donde crece la vida y donde la muerte y el odio tienen prohibida la entrada por los siglos de los siglos.

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