Jueves, 14 de diciembre de 2017

La valentía de los Macabeos y el milagro de Januca

גבורתהמכביםונסחנוכה

La valentía de los Macabeos y el milagro de Janucá

 

Queridos amigos:

 

Janucá celebra la victoriosa epopeya del pueblo judío bajo el liderazgo de la familia Jasmonea (los Macabeos), encabezada por Matitiahu Cohén (el sacerdote) ben Yojanán[1] y sus 5 hijos (Shimón, Yojanán, Yehudá, Yonatán y Elazar) contra el más grande imperio de su época – el imperio griego -, bajo el despótico liderazgo de Antíoco IV ; un imperio que impurificó nuestro Gran Templo en Jerusalem, y que intentó imponer su cultura hedonista por sobre la cosmovisión judía basada en una ética sostenida por las mitzvot.

 

Nuestros Sabios[2], proporcionaron una interpretación diferente a la histórica de lo ocurrido en la revuelta macabea que liberó a nuestro pueblo del yugo seleucida[3]. Durante la semana de Janucá, ellos ordenaron la inclusión en nuestros rezos diarios y en el bircat hamazón[4] de una mención alusiva a la festividad que celebra la victoria militar como un milagro. Leemos en nuestros sidurim[5]:

“Por los milagros, y por la redención, y por las poderosas acciones, y por las salvaciones y por las guerras que Tú has hecho para con nuestros antepasados en aquellos días, en esta época.  En los días de Matitiahu , hijo de Yojanán el Sumo Sacerdote, el Jashmonái y sus hijos, cuando se levantó el malvado imperio griego contra Tu pueblo Israel, para hacerles olvidar Tu Torá y hacerles violar los decretos de Tu voluntad.  Pero Tú, por Tu gran misericordia, Te erigiste junto a ellos en su momento de aflicción, libraste sus luchas, defendiste sus derechos y vengaste el mal que se les había infligido.  Entregaste a poderosos en manos de débiles, a numerosos en manos de pocos, a impuros en manos de puros, a malvados en manos de justos y a lascivos en manos de los que se dedican a Tu Torá.  Y para Ti hiciste un Nombre grande y Santo en Tu mundo, y para Tu pueblo Israel hiciste una inmensa salvación y redención como este día.  Luego, Tus hijos entraron al Santuario de Tu Casa, limpiaron Tu Templo, purificaron Tu Santuario, encendieron luces en Tus sagrados atrios, y fijaron estos ocho días de Janucá para agradecer y alabar Tu gran Nombre”.

 

No hay ninguna duda histórica de la existencia de Matitiahu Cohén ben Yojanán y de sus 5 hijos – los Macabim -, ni de la liberación que lograron, estableciendo un reino libre en la Tierra de Israel que duró del año 165 al 37 a.e.c. ¿Por qué, entonces, describen nuestros Sabios a este logro militar como un milagro – especialmente si tenemos en cuenta que en la lucha libertadora cayeron Matitiahu (166 a.e.c.), Elazar (164 a.e.c.) y Yehudá (161 a.e.c.) -?

 

La respuesta a este interrogante está sostenida en el concepto de co-participación entre el hombre y Dios; entre el pueblo judío y el Dios de Israel (en nuestra lectura nacional), y es integral al tema de los milagros de Janucá.

 

La gran guerra libertadora de los Macabeos fue tremendamente costosa desde lo humano. Muchos murieron en las batallas libradas por casi una década, con niveles extraordinarios de sacrificio humano y de compromiso con el futuro de libertad de acción y de expresión del pueblo de Israel.  La guerra fue victoriosa sin lugar a dudas – cayeron todos los grandes generales griegos con sus ejércitos: Ptolomeo, Nicanor, Gorgias y el más grande de ellos, Lisio -, pero demandó renunciamientos y esfuerzos sobrehumanos para arribar a la ansiada liberación. Fue la acción decidida del pueblo judío la que condujo a la retirada bochornosa de las derrotadas tropas sirio-grecas.

 

Ahora bien: no se trataba aquí de una serie de batallas contra un enemigo poderoso. Lo que estaba en juego era el futuro espiritual del pueblo judío, acosado por Antíoco IV – que había prohibido la práctica del judaísmo (incluyendo en ella el Brit-Milá y el Shabat), e impuso el consumo de cerdo y el servicio a los dioses paganos – . Los seleucidas eran, además, el  más grande imperio de la época. Era inconcebible que el pequeño, débil, y conquistado pueblo de Israel venciera a la mayor potencia militar de su época… y, no obstante, así fue. La enorme fe en la justicia de su causa y el tamaño de la amenaza espiritual condujeron a nuestros Macabeos a una victoria sólo posible por un milagro.  Sólo un milagro, retomando nuestra pregunta inicial, podía acarrear semejante logro, semejante victoria. Nuestros Sabios creyeron en la co-participación de nuestras acciones con las Divinas: si el compromiso es completo, y la causa aspirada es la continuación de nuestro ser judío en el nivel más profundo y completo – el nivel Nacional -, Dios, entonces, acompañará a Su pueblo, “librando sus luchas, defendiendo sus derechos”, tal como leemos en el texto de nuestros rezos. Es lo mismo que sentimos y creemos en relación a las guerras modernas del Estado de Israel: ¿Cómo no describir, sentir y creer como milagrosas las victorias de la Guerra de Liberación, en el 1948, cuando 7 países árabes de decenas de millones de habitantes atacaron a los 600.000 judíos del Yishuv, o cuando lo que se publicitaba por esos mismos países árabes como el “Segundo Holocausto” terminara en una derrota abrumadora – y en una victoria impensable para el pequeño Estado de Israel – en la Guerra de los 6 Días del 1967?

 

La victoria militar de Janucá celebra un milagro: un milagro que surgió como producto de la entrega total del pueblo judío a su causa, y de Dios, acompañando sus esfuerzos, y asegurando el triunfo. Como reza nuestra plegaria: “para Tu pueblo Israel hiciste una inmensa salvación y redención”.

 

Que este Janucá lleve a todos Ustedes la luz

de nuestro Macabi, y de la antorcha de los Macabeos

con su milagrosa victoria libertadora.

 

Con nuestros mejores deseos

¡Jag Janucá Saméaj, Macabim, y Jazak ve’ematz!

 

 

RABINO CARLOS A. TAPIERO

Vice-Director General & Director de Educación

Unión Mundial Macabi

 

 


[1]Su nombre es el acróstico de MACABI; por ello es que se denomina también “Macabeos” a los Jasmoneos.

[2] Según Eleazar ben Judah ben Kalonymus de Worms

, llamado también Elazar Rokéaj, 1176 – 1238, fue Yojanán ben Matiatiahu mismo quien introdujo esta plegaria – el hijo mismo que inició el gran movimiento libertador que lideró hasta su muerte en la batalla en el 166 a.e.c. -.

[3]El reino seleucida – greco-sirio – estaba conducido por Antíoco Epifanes (“el resplandeciente”); se trató de una de las escisiones de las conquistas de Alejandro Magno en Medio Oriente  (la otra fue el reino Ptolomeo, con base en Egipto).

[4]Bendición para después de las comidas, de haberse consumido pan.

[5]Libros de rezos.

 

                     

 

 

Miércoles, 2 de Diciembre de 2015

גבורתהמכביםונסחנוכה

La valentía de los Macabeos y el milagro de Janucá

 

Queridos amigos:

 

Janucá celebra la victoriosa epopeya del pueblo judío bajo el liderazgo de la familia Jasmonea (los Macabeos), encabezada por Matitiahu Cohén (el sacerdote) ben Yojanán[1] y sus 5 hijos (Shimón, Yojanán, Yehudá, Yonatán y Elazar) contra el más grande imperio de su época – el imperio griego -, bajo el despótico liderazgo de Antíoco IV ; un imperio que impurificó nuestro Gran Templo en Jerusalem, y que intentó imponer su cultura hedonista por sobre la cosmovisión judía basada en una ética sostenida por las mitzvot.

 

Nuestros Sabios[2], proporcionaron una interpretación diferente a la histórica de lo ocurrido en la revuelta macabea que liberó a nuestro pueblo del yugo seleucida[3]. Durante la semana de Janucá, ellos ordenaron la inclusión en nuestros rezos diarios y en el bircat hamazón[4] de una mención alusiva a la festividad que celebra la victoria militar como un milagro. Leemos en nuestros sidurim[5]:

“Por los milagros, y por la redención, y por las poderosas acciones, y por las salvaciones y por las guerras que Tú has hecho para con nuestros antepasados en aquellos días, en esta época.  En los días de Matitiahu , hijo de Yojanán el Sumo Sacerdote, el Jashmonái y sus hijos, cuando se levantó el malvado imperio griego contra Tu pueblo Israel, para hacerles olvidar Tu Torá y hacerles violar los decretos de Tu voluntad.  Pero Tú, por Tu gran misericordia, Te erigiste junto a ellos en su momento de aflicción, libraste sus luchas, defendiste sus derechos y vengaste el mal que se les había infligido.  Entregaste a poderosos en manos de débiles, a numerosos en manos de pocos, a impuros en manos de puros, a malvados en manos de justos y a lascivos en manos de los que se dedican a Tu Torá.  Y para Ti hiciste un Nombre grande y Santo en Tu mundo, y para Tu pueblo Israel hiciste una inmensa salvación y redención como este día.  Luego, Tus hijos entraron al Santuario de Tu Casa, limpiaron Tu Templo, purificaron Tu Santuario, encendieron luces en Tus sagrados atrios, y fijaron estos ocho días de Janucá para agradecer y alabar Tu gran Nombre”.

 

No hay ninguna duda histórica de la existencia de Matitiahu Cohén ben Yojanán y de sus 5 hijos – los Macabim -, ni de la liberación que lograron, estableciendo un reino libre en la Tierra de Israel que duró del año 165 al 37 a.e.c. ¿Por qué, entonces, describen nuestros Sabios a este logro militar como un milagro – especialmente si tenemos en cuenta que en la lucha libertadora cayeron Matitiahu (166 a.e.c.), Elazar (164 a.e.c.) y Yehudá (161 a.e.c.) -?

 

La respuesta a este interrogante está sostenida en el concepto de co-participación entre el hombre y Dios; entre el pueblo judío y el Dios de Israel (en nuestra lectura nacional), y es integral al tema de los milagros de Janucá.

 

La gran guerra libertadora de los Macabeos fue tremendamente costosa desde lo humano. Muchos murieron en las batallas libradas por casi una década, con niveles extraordinarios de sacrificio humano y de compromiso con el futuro de libertad de acción y de expresión del pueblo de Israel.  La guerra fue victoriosa sin lugar a dudas – cayeron todos los grandes generales griegos con sus ejércitos: Ptolomeo, Nicanor, Gorgias y el más grande de ellos, Lisio -, pero demandó renunciamientos y esfuerzos sobrehumanos para arribar a la ansiada liberación. Fue la acción decidida del pueblo judío la que condujo a la retirada bochornosa de las derrotadas tropas sirio-grecas.

 

Ahora bien: no se trataba aquí de una serie de batallas contra un enemigo poderoso. Lo que estaba en juego era el futuro espiritual del pueblo judío, acosado por Antíoco IV – que había prohibido la práctica del judaísmo (incluyendo en ella el Brit-Milá y el Shabat), e impuso el consumo de cerdo y el servicio a los dioses paganos – . Los seleucidas eran, además, el  más grande imperio de la época. Era inconcebible que el pequeño, débil, y conquistado pueblo de Israel venciera a la mayor potencia militar de su época… y, no obstante, así fue. La enorme fe en la justicia de su causa y el tamaño de la amenaza espiritual condujeron a nuestros Macabeos a una victoria sólo posible por un milagro.  Sólo un milagro, retomando nuestra pregunta inicial, podía acarrear semejante logro, semejante victoria. Nuestros Sabios creyeron en la co-participación de nuestras acciones con las Divinas: si el compromiso es completo, y la causa aspirada es la continuación de nuestro ser judío en el nivel más profundo y completo – el nivel Nacional -, Dios, entonces, acompañará a Su pueblo, “librando sus luchas, defendiendo sus derechos”, tal como leemos en el texto de nuestros rezos. Es lo mismo que sentimos y creemos en relación a las guerras modernas del Estado de Israel: ¿Cómo no describir, sentir y creer como milagrosas las victorias de la Guerra de Liberación, en el 1948, cuando 7 países árabes de decenas de millones de habitantes atacaron a los 600.000 judíos del Yishuv, o cuando lo que se publicitaba por esos mismos países árabes como el “Segundo Holocausto” terminara en una derrota abrumadora – y en una victoria impensable para el pequeño Estado de Israel – en la Guerra de los 6 Días del 1967?

 

La victoria militar de Janucá celebra un milagro: un milagro que surgió como producto de la entrega total del pueblo judío a su causa, y de Dios, acompañando sus esfuerzos, y asegurando el triunfo. Como reza nuestra plegaria: “para Tu pueblo Israel hiciste una inmensa salvación y redención”.

 

Que este Janucá lleve a todos Ustedes la luz

de nuestro Macabi, y de la antorcha de los Macabeos

con su milagrosa victoria libertadora.

 

Con nuestros mejores deseos

¡Jag Janucá Saméaj, Macabim, y Jazak ve’ematz!

 

 

RABINO CARLOS A. TAPIERO

Vice-Director General & Director de Educación

Unión Mundial Macabi

 

 


[1]Su nombre es el acróstico de MACABI; por ello es que se denomina también “Macabeos” a los Jasmoneos.

[2] Según Eleazar ben Judah ben Kalonymus de Worms

, llamado también Elazar Rokéaj, 1176 – 1238, fue Yojanán ben Matiatiahu mismo quien introdujo esta plegaria – el hijo mismo que inició el gran movimiento libertador que lideró hasta su muerte en la batalla en el 166 a.e.c. -.

[3]El reino seleucida – greco-sirio – estaba conducido por Antíoco Epifanes (“el resplandeciente”); se trató de una de las escisiones de las conquistas de Alejandro Magno en Medio Oriente  (la otra fue el reino Ptolomeo, con base en Egipto).

[4]Bendición para después de las comidas, de haberse consumido pan.

[5]Libros de rezos.

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